Rel’Ocean – Una relación con el océano*

[(neol.) – del ingl. relationship /rɪˈleɪ.ʃən.ʃɪp/ – “relación, vínculo” + ingl. ocean /ˈoʊ.ʃən/ – “océano”]
Vivir, navegar y trabajar frente al Océano Atlántico en Tarifa me ha abierto una forma completamente nueva de ver tanto el kitesurf como la vida. Al dirigir la escuela Lost Elementos, conozco a innumerables personas que, a menudo por primera vez, se enfrentan cara a cara con la fuerza pura e ilimitada del océano. Quiero compartir las reflexiones y lecciones que he reunido observando a la Madre Naturaleza y cómo sus ritmos reflejan tan de cerca el alma humana.
La mayoría de nosotros dimos nuestros primeros pasos (o mejor dicho, nuestros primeros bordos) en aguas poco profundas y tranquilas, como en lagunas calmadas. Todos adoramos el "flat" impecable. Sales, tienes "suelo" firme bajo tu tabla y puedes concentrarte por completo en ti mismo y en tu progreso.
Pero entonces llega el día en que un amigo te convence para navegar en el mar... o tu pareja reserva un viaje de kite de ensueño a Tarifa, Fuerteventura o Ciudad del Cabo.
Es perfecto: playa de arena, horizonte azul infinito, hinchas tu cometa, conectas las líneas y entras.
Y entonces sientes algo nuevo. ESTA AGUA ESTÁ VIVA.
Debes enfrentarte a la rompiente, atravesar olas que rompen y mantenerte hiper-alerta para no acabar revolcado. Hay corrientes y mareas. Bebes medio océano por la nariz y te preguntas cómo pudiste llegar a pensar que "sabías" navegar.
En una "palabra": LAVADO–CENTRIFUGADO–REVOLCÓN.
No importa tu nivel, ya sea que estés haciendo tus primeros "body drags" o ya estés lanzando trucos, el primer encuentro con el océano siempre te vuelve humilde.
Entonces, ¿por qué hacerlo? ¿Por qué elegir el océano cuando podríamos quedarnos felices en lagunas tranquilas y disfrutar de un paseo sin esfuerzo?
Yo también me lo pregunté, hasta que noté algo extraordinario.
Sumerjámonos en ello.
NIVEL –1: Tu relación con el océano refleja tu relación con otra persona
La mayoría de nosotros, en algún momento, experimentamos la comodidad de tener nuestro propio espacio: plena autonomía, decisiones libres, independencia, libertad sin restricciones. En esos periodos construimos rutinas y hábitos fácilmente; tenemos tiempo para regularnos, resetearnos, crear y reflexionar. Nos sentimos en control, equilibrados, intencionales.
Exactamente así se siente navegar en aguas planas.
Pero un día alguien entra en nuestra vida —una pareja, un amigo, un padre— y, de repente, nuestros rituales, rutinas y formas de hacer las cosas se ven desafiados por la dinámica de esa relación.
Descubrimos que nuestra sensación de control era una ilusión, y nuestro "equilibrio" existía solo porque el suelo bajo nosotros no se movía.
Navegar en el océano es una clase magistral sobre estar en una relación.
- Es aprender a funcionar dentro de una variable.
- Respetar otra fuerza.
- Aceptar la oscilación, tanto del agua como de las emociones.
A pesar de las condiciones cambiantes: mantenerte fiel a ti mismo y tener la fuerza para actuar según tus ideas.
A pesar de la dificultad: expresarte sobre las olas y superar la parálisis que surge con demasiadas variables e imprevisibilidad, tanto en el océano como en las relaciones.
Es aprender a trabajar con un organismo vivo y, a menudo, impredecible.
Vayamos más profundo.
NIVEL –2: Tu relación con los demás refleja la relación contigo mismo
Navegar en aguas perfectamente planas es como mirar tu reflejo: una imagen bidimensional de quién eres. Pero somos seres multidimensionales, y lo que vemos en el "espejo" del agua plana (o en el espejo del baño) no es la imagen completa de nuestra profundidad.
Para conocernos verdaderamente, necesitamos un espejo multidimensional que, en la vida, se encuentra en las relaciones.
Es en la relación donde notamos:
- Que lo que nos irrita de los demás es a menudo lo que aún no hemos integrado en nosotros mismos.
- Que nuestra forma de reaccionar ante la dinámica de otra persona revela las áreas en las que aún necesitamos trabajar.
Esta conciencia nos lleva a una conclusión simple y a la respuesta de la pregunta:
“¿Por qué navegar en el océano?”
NIVEL –3: Tu relación con el océano es tu relación contigo mismo
Enfrentarse al océano desbloquea el acceso a una imagen multidimensional de quién eres.
- Si temes la profundidad del océano, en realidad tienes miedo de mirar tu propia profundidad.
- Navegar en el océano enseña aceptación, respeto, conciencia y comunicación, tanto con el mar como con tu yo interior.
- Es el arte de mantener la mente en calma y la respiración constante mientras experimentas unidad y sincronía con la naturaleza, independientemente de su estado de ánimo.
- Es aprender a abrazar todo el espectro de tus emociones, tus propias olas internas.
- Es darte permiso para surfear la ola que te asusta (aunque no termine perfectamente).
REGRESANDO A LA SUPERFICIE
Añadir la navegación en olas a tu dieta de kitesurf no significa abandonar tus spots de agua plana "de laboratorio". Toda relación necesita espacio para simplemente estar con uno mismo; no toda experiencia tiene que sumergirse en profundidades filosóficas.
El océano no es una fuerza que conquistar.
Es un espacio que comprender.
Y cada vez que navegas a través de él, siempre estás navegando hacia ti mismo.
(neol.) – del ingl. relation /rɪˈleɪ.ʃən/ – “relación” + ingl. ocean /ˈoʊ.ʃən/ – “océano”) — neologismo que describe la naturaleza compleja, dinámica y a menudo impredecible de las relaciones humanas, incluida la relación con uno mismo. El término subraya la analogía entre la variabilidad emocional, las profundidades invisibles de la psique y la fuerza y capricho del elemento oceánico.
Simbólicamente, Rel’ocean abarca tanto la armonía y el flujo (cercanía, entendimiento mutuo) como la turbulencia y la desorientación (“tormentas” emocionales, reacciones impredecibles de otra persona o la propia tensión interna). Sugiere que cada relación es un espacio de corrientes y profundidades cambiantes que nunca se pueden conocer por completo, lo que requiere conciencia, flexibilidad y disposición al cambio.



